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Y ahora que paso?

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Y ahora que paso?

Mensaje por Robbin Masen el Miér Nov 17, 2010 8:13 pm

Bueno... esto no es algo que escribi sola, es un post que tengo con un amigo, pero me encanta asique lo quiero compartir con ustedes...

Robbin y Jean Antoine

Mi dia habia sido pésimo, se nos habia caído un negocio muy importante en la empresa de papa y uno de mis clientes mas importantes se habia quejado de que no habia llegado un cargamento de polvora que necesitaban para unos experimentos, y para completarla Irina me habia cancelado la cena porque tenia un trabajito especial que hacer. Si… sin duda lo mejor que podía hacer era irme a casa, cenar algo rápido y meterme en la cama. Trataría de dormir bastante ya que al otro dia tenia miles de cosas por hacer.
Ya era de noche y vagaba sola por la carretera, me parecía un tanto extraño que no hubiera gente por ambos lados de la calle, aun no era demasiado tarde y el movimiento solia ser mayor, quizas esto se debía a que el invierno se acercaba lentamente pero con ganas de quedarse. La temperatura bajaba drásticamente y no habia muchas ganas de pasear por asi.

Mi móvil sono una, dos, tres veces antes de que lo pudiera encontrar –maldición –dije ya que estaba en mi cartera metido debajo de todo entre papeles, billetera, y demás cosas que tiene una mujer. Al ver el numero de quien me llamaba sonreí que rayos querria este a estas horas? Esperaba que no estuviera con ganas de insultarme por algo porque se lo devolvería el doble, estaba bastante estresada como para aguantarlo –hola… que quieres? –le dije en tono cortante y cansado.
Obvio como tenia tanto tiempo al vicio ahora tenia que escuchar las burradas que tuviera que decirme ese idiota. Habia días en los que tenia ganas de verlo, el siempre habia sabido escucharme y darme buenos consejos, además de que compartíamos gustos por las cosas caras y exclusivas como un buen restaurante o un vino fino. No por nada habíamos estado juntos tanto tiempo, pero aun asi cada vez que lo tenia en frente me daban ganas de matarlo, de decirle tantas cosas que ya no tenían sentido que siempre terminaba quedándome callada, escuchando sus argumentos o exponiéndole mis problemas cotidianos. Cualquiera diría que teníamos una relación sumamente complicada y enfermiza y la verdad era que si, nuestra relación era asi como la describían muchos pero asi eramos y mas alla de todo nos gustaba como la vivíamos.

Luego de salir de aquel horrible cafetín donde surgiere tan incómoda situación, habíase dirigido Jean Antoine a su hogar en pocos minutos. Tuvo entonces que tomar el subterráneo, pues no podía recordar dónde demonios había dejado el auto. Todo lo acontecido la noche anterior teníale aún muy mareado y desgastado, no acertaba a encontrar las energías suficientes y una terrible paranoia carcomíale los sesos. Al entrar percatóse de que la cocina seguía chamuscada y con el ánimo por los suelos y el cansancio elevándose a grandes pasos, no se tomó la molestia de limpiarlo, aún cuando habían pasado ya dos semanas de aquel incidente. Arrojóse sobre la cama y entonces se percató de que su móvil encontrábase allí tendido, lo había dejado en aquel lugar. Maldijo por lo bajo y recordó que aquella semana la había pasado más en L’Enfer que en su propia casa. La cabeza empezó a dolerle de nuevo.

-Aspirine des merde, quelle chose inutile—dijo, apretándose entrambos ojos con entrambas manos. Habíale llegado un pensamiento conspicuo que hacíale dudar someramente. Aquella imagen, la de Robbin, a quien tanto odiaba y quería a la vez. Ella había sido capaz de mantener aquel status, aquella imagen de placentera decencia tan falsa. Él la conocía, quizás era el único que la conocía. Entendía la infelicidad que nublaba su mirar, y precisamente por dicha razón ella odiábale y dependíale tan profunda y oscuramente. Quedóse observando el teléfono móvil, tan largo, tan tendido, tan allí. Acarició la cubierta con su mano y se sintió tentado. Imágenes sexuales, de noches de placer, de días de alegría entremezclábanse con los insultos, las drogas, las peleas y las profundas heridas, de esas que no tienen reparo alguno en arder, interconectando el dolor con la locura.
Observó la hora, eran aproximadamente las ocho y media de la noche parisina; su mano había estado temblando de nuevo, y aquellas voces que hablábanle poéticamente seguían y seguían llamándole por su nombre, atosigándole la mente y los pensamientos. Apretó los ojos, netamente despesperado y tomó para sí el móvil, marcando con premeditación y alevosía el número telefónico de aquella mademoiselle. Repicó, repicó una, dos y tres veces. Al final escuchó la delicada y cortés voz de Robbin.

-Rob, soy yo. ¿Podemos encontrarnos ? La epilepsia está volviendo, la mano no deja de darme espasmos involuntarios, de verdad no tengo las más mínimas ganas de regresar al centro de reposo. Tú misma recuerdas la experiencia. En esta ocasión no tengo a nadie que vele por mí en esas instancias. En fin, las voces también han vuelto... ¿Hola, estás allí ?—preguntóse en voz alta. Alguna ulterior iniciativa encontrábase en sus pensamientos, ¿por qué buscaba realmente el consuelo perdido ? ¿Por qué siempre terminaba, de alguna manera u otra, al igual que ella, volviendo a su presencia ? Se rascó la cabellera y sentóse al borde de la cama, tenía los dedos entumecidos—¿Qué opinas ?—preguntó de nuevo.
Su voz era algo entrecortada, como cansada o preocupada. Escuche las primeras palabras… podemos encontrarnos? La ultima vez habia sido terrible, una pelea como tantas otras, nos habiamos dicho cosas muy feas y habia prometido no volver a verlo, pero al escucharlo… no podia negarme, el siemrpe habia estado con migo –estas bien?... –pregunte pero el no me escucho, siguió hablando y lo que dijo a continuación me asusto un poco, la epilepsia volvio… Otra vez? No podia ser… ya ni recordaba que el padecia de esa enfermedad, hacia demasiado tiempo que no tenia un ataque o por lo menos eso era lo que yo suponia.
Estacione el coche a un costado de la calle, ya no podia concentrarme en lo que hacia ya que sus palabras me remontaban al pasado, a nuestra infancia. A la primera vez que lo habia visto asi. Estabamos en su casa jugando, aun eramos niños, el se habia caido al piso y habia comenado a temblar y moverse de un lado hacia otro, primero habia creido que estaba jugando pero al ver que no me respondia me habia asustado, comence a gritar y su mama llego junto a la mucama, se lo llevaron rapidamente y decian cosas sobre ataqu, enfermedad y “epilepsia” esa palabra me habia quedado marcada. Mama nunca me habia explicado claramente lo que le sucedia a Jean porue temia que sufriera demasiado por mi amigo, pero luego cuando el ya estuvo mejor fue el mismo quien me habia contado cual era su trauma y demas. Desde entonces siempre habiamos estado juntos, pero después de entablar una relacion seria habian comenzado los prolemas.
Me habia quedado tan ensimismada en mis pensamientos y recuerdos que ya no le habia respondido, volvi en mi misma y reaccione –si, aquí estoy –no sabia si era una buena idea volver a verlo, si volviamos a discutir su enfermedad se podia agraviar, el tenia que estar tranquilo en este momento, pero no podia dejarlo solo, y no lo haria –este… esta bien, encontremonos, a donde y a que hora? –miles de cosas se me cruzaban por la mente, recuerdos, enojos, penas, tranquilidad, felicidad. Un nudo se formo en mi garganta pero no flaquaria en este momento. Pero… y si era una mentira solo para insultarme una vez ms?... no claro que no, el no haria eso jamas habia jugado con algo asi y por su bien esperaba que esta no fuera la primera vez –si, si me parece bien. Estoy en camino asique decime a donde nos encontramos –suspire y puse en marha el coche una vez mas, esperando sus indicaciones.


Del dedo pasó a la mano, era como si el sólo mencionar aquel recuerdo trajera consigo las dolencias del pasado. El repentino espasmo hizo que el teléfono cayera al suelo—Merde—dijo, sabiendo que estaba a segundos de sufrir una convulsión severa, se arrojó sobre el suelo y tentó con los dedos debajo de la cama, no acertaba a alcanzarlo. De pronto aquella sensación llegó, empezando por sus piernas, era como estarse consumiendo poco a poco, tomó el teléfono—No, no, ven, ven…s—dijo entrecortadamente, para por fin sucumbir al ataque. Aquella nefasta experiencia de pronto repitióse; incapaz de explicarla al no doliente, era como sentirse una vela e irse consumiendo, como si los dedos derritiéranse y cayeran lentamente como gotas en el vacío. Notaba todo a su alrededor, y a sabiendas de que su cuerpo movíase convulsivamente y chocando contra todo lo cercano, él sentíase inmóvil, atrapado en un cuerpo que no le era suyo, como viéndose dentro de sí mismo. La cama, el techo y su horrible estampado, las goteras que brotaban de los muros, todo en rápidos flashes y movimientos continuos, imágenes que traspapelaban unas a otras en un instante que parecía ser eterno. Aquello era la peor parte, un estado en que treinta segundos parecían ser una eternidad. Jean Antoine envidiaba profundamente a aquellos epilépticos inconscientes, a quienes la enfermedad afectaba durante el sueño y poco percibían de aquella patología más que lo que se les describía. Se mostraban enfermos, sí, pero sólo ante lo escuchado, jamás ante lo percibido, la efusiva e impropia realidad del momento.

Su boca llenóse de saliva, y sus dientes apretábanse con suma fuerza. Su preocupación principal en aquel momento era no rebanarse la lengua, o que esta se fuera hacia atrás provocándole un ahogo mortal. Su brazo saltaba en una dirección, se estrellaba contra el objeto más cercano, mientras que su pierna iba en la contraria. Los movimientos eran rápidos, toscos, pero nada de aquello lo sentía él, una vez más, sólo sentíase atrapado e inmóvil, muy frío, como muerto, como observando su cuerpo agonizando desde otro plano, un plano distinto y alejado de toda humanidad. Sus ojos estaban abiertos, sus pupilas dilatadas. Sentíase llorar por dentro, rogaba a quien fuera le sacara de aquel suplicio, rogaba por la mano atenta y la caricia de algún ser loable. ¿Dónde estaba aquella mano amiga? Donde siempre ha estado, en un cajón lleno de recuerdos falsamente olvidados. Treinta segundos, un minuto, media hora, veinte años, una vida. De pronto, sintióse de nuevo dueño de sus acciones. El suelo estaba repleto de saliva y de sangre, habíase mordido la lengua, pero por suerte no demasiado fuerte. Corrió hacia la cocina, buscando algo de azúcar, una antigua medicina de alguna de las encargadas de criarle. Al colocarla en su lengua el dolor disipóse un poco. Apretó los ojos, las manos, revisóse la mandíbula, las encías. Estiró los brazos y tiróse sobre la cama.

- Je suis un idiot, se me ha olvidado tomarme la medicina anoche—con las manos tapó sus ojos y por primera vez en muchos años la preocupación invadióle—Maldita, maldita sea. La he dejado dentro del auto y tampoco sé dónde está este—arrojó un grave grito al aire— !Merde, merde chatte !—y quedóse allí, en la oscuridad, cavilando, sintiéndose menos dueño de sí mismo que cuando encontrábase en pleno instante convulsivo...

Senti un ruido sordo y una puteada en frances, tipica de el cuando estaba sumamente enojado o asustado… hablar en frances le encantaba y en su momento adoraba que me dijera frases de amor en aquel idioma tan romantico, llenos de poesia y de una ternura que solo el podia expresar. Pero lamentablemente tenia que volver a la realidad, esos dias se habian acabado y no solo porque yo asi lo hubiera querido, el amor se habia esfumado o al menos eso era lo que nosotros creiamos y ay no volveria nunca mas.
Jean… Jean… cbaron –grite, ya no podia escucharlo y la comunicación aun seguia. Me puse nerviosa, seguramente el ataque habia empeorado, necesitaba llegar asu departamento cuanto antes, no podia permitirme que algo malo le paara, el hecho de que ya no estuvieramos juntos no significaba que no deseara que estuviera bien y que haria cualquier cosa por que asi fuera siempre. El no solo habia sido mi pareja durante años sino tambien habia sido mi compañero de escuela y mi amigo del alma durante toda la vida. Como nos habiamos equivocado al creer que podriamos mantener una relacion estable. Si el no hubiera consumido esas porquerias… quizas podria haber perdonado otras cosas. En fin ya no habia vuelta atrás y lo que habia pasado ya habia quedado atrás…

Aun seguia con el aurifono del manos libres en mi oreja, queria escuchar por si volvia a hablarme, pero solo se escuchaban ruidos. Aumente la velocidad pasando primero un semáforo en rojo, no me importaban las infracciones, debia de llegar lo antes posible. Unos años después de ver su primer ataque habia investigado sobre su enfermedad y habia tratado de aprenderme todos los síntomas y posibles soluciones rapidas para poder ayudarlo en caso de tener una urgencia. Nunca lo habia necesitado ya que el se medicaba todos los dias y no nos permitiamos olvidarnos de que la tomara pero no sabia ni entendia que era lo que habia pasado ahora para que le agarrara asi.
Sabia que no tenia demasiado tiempo ya que si su lengua se iba hacia atrás podia ahogarse y casa uno de esos pensamientos me hacian desesperar mas y mas.
Doble en una esquina y tuve que frenar de golpe ya que pasaban unos niños en bici y otros caminanado, le toque bocina para que se pauraran –tengo prisa, niños del demonio –decia no muy fuerte ya que tampoco queria asustarlos. Comence la marcha una vez mas, ya estaba a pocas cuadras. No me gustaba su barrio y mucho menos su departamento, era pequeño, humedo y parecia una pocilga. Sabia que a el esas cosas no le interesaban, pero cada vez que pasaba cerca de este lugar me daban ganas de matarlo por ser tan desganado. No le pedia que se buscara una mansión pero si algo mas acogedor o calido para vivir decentemente.

Estacione bien en frente de su casa, Sali casi corriendo dejandome la cartera dentro del auto. Le puse la alarma y subi por una pequeña escalera, los escalones parecian eternos, iba de dos en dos hasta que por fin llegue hasta su puerta, que lo que menos parecia era una puerta. Ya habia olvidado que habia escuchado por mi madre ue habia tenido un accidente domestico pero no sabia cual era la magnitud del mismo. Aunque claro… mi mama habia exagerado tanto que ya lo habia mutilado casi, ella era terrible, yo no sabia si lo hacia para acercarme mas a el o porque de verdad se creia cada chisme que decian por ahí.
Toque la puerta con golpes fuertes pero calmada, después de unos segundos que para mi fueron horas comence a golpear mas fuerte –Jean… estas ahí… abreme… Jean –m*erda… porque le habia devuelto la llave? Porque no habia un misero portero cuando se lo necesita. Estaba comenzando a desesperarme, necesitaba verlo urgente antes de volverme loca por la angustia.


Jean manteníase agarrada la cabeza con las manos, ya no temblaba por la enfermedad sino por un súbito frío, frío reflejo del temor, del miedo perpetuo, miedo puro y sin dilaciones. Resoplaba lentamente para mantener la compostura, no era propio de un hombre y mucho menos de sus costumbres derrumbarse ante la adversidad. Debía ser positivo, positivo en toda medida posible. Se palmeó las piernas, lo hizo varias veces—¡Allez, bon sang!—dijo, intentando darse ánimos. Rascóse la cabeza, pensativo. En ese momento recordó que el móvil seguía latente, le buscó debajo de la cama y encontróle desatendido. Se preguntó si Rob habría escuchado la llamada por entero, de ser así, conociéndola como la conocía ya debería de encontrarse en camino. Maldijo por lo bajo, por alguna razón sus ansias de encontrarse con Robbin eran tan grandes como las de no verle de nuevo jamás. Se ponía nervioso, recordaba cuestiones, se preguntaba por sus pecados en aquel tiempo, pensaba en cuántos hombres habrían conocido su piel; por alguna razón aquello poníale huraño y sensible, demasiado para su gusto. Rebuscó en la consola hasta encontrar la codiciada cajetilla, extrajo de ella un largo y pecaminoso cigarrillo francés y encendióle con lentitud. Llevóselo a los labios y degustóle con parsimonia, lánguidamente dejó entrever una bocanada de grisáceo éter profano, vaino sentir le carcomía.

Tosió, e interrumpió el flujo de aire con un puño. Mientras sostenía el cigarrillo, con la palma de la mano descansando sobre el muslo derecho, observaba la oscuridad de aquel recinto. Algunas telarañas entretejíanse en los rincones, mientras sus arácnidas dueñas degustaban el último suspiro de algún insecto sin suerte. Sobre la cama había rastros de sangre, saliva y quizás de semen. Hacía no mucho había traído a la última muestra de su alma vacía a casa, una pelirroja bastante guapa y bastante hábil en las artes amatorias. Recordándola sintióse asqueado, sumamente asqueado. Inhaló otra larga bocanada y dejó fluir una humareda igual de larga. Suspiró, aquella desventura parecía seguirle con interés mudo. Mudo, esa palabra recordábale el poder de una belle prostituée para silenciar a los clientes.

En aquel momento sonó la puerta, alguien llamaba, distinguió aquella voz como la de Rob e inmediatamente púsose nervioso. Quitóse la camiseta, pues estaba manchada en sus fluidos, y quedó con el pecho desnudo y sudado al aire. Acercóse a la puerta, agudizando los sentidos para así escuchar mejor a quien llamaba. Efectivamente, era ella. Rápidamente intentó acomodar un poco la situación, con un trapo mojado limpió como pudo la sangre y la saliva del suelo de la habitación ; quitó las fundas a la cama y colocó sobre la cocina un enorme manto, cubriendo la zona repleta de chamusquina. Arrojó la cajeta de cigarrillos al compartimiento para la basura y entonces si, dispúsose a abrir la puerta. Robbin recibióle con su belleza de siempre y el rostro crispado por un curioso miedo. Jean Antoine intentó parecer lo más natural posible, tampoco quería exagerar la situación, aunque de por sí no se exagerara en lo más mínimo la terrible realidad del momento.

- Salut, Rob, ¿comment êtes-vous?—preguntó, haciéndose el desentendido— Je me sens déjà mieux, no debiste molestarte. Eh, mejor, vamos afuera—dijo, rapidamente mientras buscaba entre la ropa colocada sobre el sillón más cercano y tomaba una chemise—Voy detrás de ti, a donde quieras ir, ¿oui ?—preguntó, sosegado y recatado de una manera absolutamente anti natural.
Los minutos pasaban y nadie respondia. Estaba segura de que el aun estaba adentro pero… estaba bien? Mire el reloj –si en un par de minutos no me atiende llamare a la policía –me dije mas a mi misma que a nadie mas. Quería convencerme de alguna manera de que todo estaba bien, no podía dejarme vencer por el pánico, no podía permitirme pensar que algo malo le habia sucedido a la persona que quizas mas me conocía en todo el mundo. No, no lo creía ni lo creería nunca, el estaba bien.
Volvi a golpear una vez mas, y esta vez escuche algunos ruidos desde el interior, alguien estaba adentro y no podía ser otro ams que el. Afuera comencé a escuchas a los vecinos, algunos se asomaban por la ventana, otros salian afuera pero ninguno era suficientemente amable o considerado como para acercarse y preguntar que me sucedia, obvio que yo tampoco le pediría ayuda a estas personas, no porque tuviera algún complejo en contra de ellos sino, simplemente porque no conocía a nadie y no sabia si eran de fiar.
Ya se habia puesto oscuro y habia refrescado bastante, comenzaba a tener frio y los nervios me hacían temblar. No podía creer que llegaría a una situación similar en algún momento. Miles de veces le habia dicho que esperaba que muriera, que lo quería ver en el infierno, que el dia de su muerte seria el mas feliz de mi vida, pero nunca, jamás lo habia pensado verdaderamente, siempre lo decía cuando estaba enojada o después de alguna de nuestras interminables peleas pero hoy me daba cuenta de que si le pasaba algo realmente malo, yo también me moria, el era mas que mi ex novio, mas que mi ex amigo, mas que mi ex vecino… el era parte de mi y eso no lo podía cambiar.


Al abrir la puerta lo vi, estaba bastante demacrado pero entero. Me dio un alivio tremendo pero aun asi su rostro demostraba cansancio y malestar. Me quede unos segundos atónita mirando su sembalnte hasta que pude reaccionar. –porque no me atendiste rápido? No te das cuenta de que venia con el corazón en la boca de la preocupación? –dije y acto seguido sin pensarlo me arroje sobre el para abrazarlo fuertemente, necesitaba el contacto para asegurarme de que estuviera bien. Escuche como me hablaba en francés y esta vez no me sentí alagada, mas bien deprimida y ofendida –como quieres que este después de lo que me hiciste pasar? Tu como estas? Tomaste las medicinas? Es muy extraño que te haya sucedido esto ahora después de tanto tiempo –estaba… no lo podía describir y lo único que me salian eran preguntas y mas preguntas, quería sacarme todas las dudas antes de tomarlo del cuello y ahorcarlo con mis manos por lo que habia hecho. –y hablame en castellano porque no estoy de humor –en el trayecto de la carretera hasta aquí habia sufrido, estaba mal, angustiada y asustada, pero ahora que lo veía entero, hablando y bien vovlia la bronca y el odio. No podía hacerme una cosa asi y no salir perjudicado por eso.
No me dejaras entrar? –pregunte cuando prefirió que saliéramos –se que es una posilga y que por lo visto aun no lo has hecho arreglar pero aun asi merezco una taza de café no? –me estaba enfureciendo, tal vez yo estaba sumamente preocupada por el y el aquí con una de esas prostitutas baratas… no quería ni pensarlo. Verlo semi desnudo me hacia imaginar cualquier cosa, pero el ataque habia estado puesto que lo habia escuchado claramente desde mi teléfono por lo que antes me cersioraria de que estaba bien y luego le diría unas cuantas verdades. –vamos a mi casa, quiero controlar que estes bien –le dije seria y con mal genio. –te espero en el auto –conclui y comencé a caminar hacia mi vehíc*lo esperando que el terminara de arreglarse o cerrara su casa o lo que tuviera que hacer antes de partir. Esta noche habia comenzado mal y esperaba que no terminara peor.
Tal y como se ha dicho anteriormente, el rostro de Robbin mostrábase crispado por el temor y la incertidumbre, aquello causó en Jean Antoine ligero desasosiego; lamentaba mucho haberla preocupado así, pero peor hubiera sido que ella se enterara de él el día de su funeral; estábase matando poco a poco y no pensaba detenerse, así que la única salida posible para él es que alguien lo atajase, le contuviese con poder y carácter; y si conocía a alguien con aquellas características era Robbin Lear.

En la calle parisina de La Soborne B hacía un frío espantoso. Calaba los huesos y el espíritu con un potencial errático y distante, aquella chemise que portaba estaba fabricada en materiales muy finos y de poca densidad, por lo que como abrigo era muy bien paraguas. Jean Antoine intentaba demostrar una sonrisa para calmar a su querida y detestada Rob, palmeóle el hombro ligeramente entusiasmado y cerró la puerta detrás de sí. Los vecinos observaban distantes a entrambos personajes hablando en el pórtico del apartamento. El joven observóles con gesto huraño y hosco, lo que provocó que algunos, temerosos de las represalias de un perfecto desconocido, se ocultaran en sus casas de nuevo. Por aquellos días la demencia daba pie a todo, más aún en un país como Francia.

Carraspeó—Eh, yo, excusez-moi, mon cher… estaba, arreglándome un poco, he quedado algo indispuesto después del ataque—comentó en voz muy baja. Jean Antoine sorprendióse ante la actitud de Rob, realmente estaba muy preocupada por él, aquello infundióle motivación, por lo que hizo todo lo posible para calmarla—. Lo sé, pero sabes que en ese estado tengo poco o nada de control sobre mis acciones. Hablaba contigo y ha pasado, pero ha sido pequeño, todo está bien. Se me ha pasado tomarme las medicinas anoche, no he consumido nada, es en serio—mintió descaradamente, no obstante, sí era cierto que había olvidado medicarse—. Están sucediendo cosas muy extrañas últimamente, de eso no hay duda. No estoy tan mal como debería, sobrellevando la vida, claro, no tan bien como tú, pero aquí vamos—dijo, algo díscolo en cierto momento. Rió de repente ante la absorta indignación de su ex pareja, amante y compañera—. Querida mía, el francés es mi lengua madre, me es muy difícil contenerlo a veces porque no domino el castellano con la perfección con que tú lo haces. De cualquier manera, no pretendo agitar este mar que en estos instantes se encuentra en templanza—arrojóle, sonriendo, gustaba de provocarla de alguna manera u otra, y sabía que a ella encantábale la poesía. Ante su ulterior inquisitiva Jean observó detrás de sí—Eh, lo mejor es… si, es una pocilga, pero… —ella no le dejaba terminar las frases— Vale, te sigo—dijo finalmente, bastante divertido por su actitud. De seguro habría pensado que él escondía a alguna mujer allí dentro, nada más lejos de la verdad, al menos de momento.

Bajó las escaleras y siguió la estela que había dejado Rob, no sin antes percatarse del rápido comentario al aire arrojado por un vecino—“Esa tiene cara de saber chuparla”. Jean Antoine estalló en carcajadas mientras terminaba de llegar al auto. Al verlo percatóse de que no podía ser menos que un Mercedes, torció los ojos y subióse al auto. Obviamente él ni pensó en conducir, un ataque epiléptico al volante sería algo mortal para ambos, extremadamente mortal. Básicamente porque los espasmos los redirigirían de un punto fijo a prácticamente cualquier punto—Te debo el café…—dijo, al subir al auto y notar que este se ponía en marcha. Prefirió no aclarar que ella ni le había dado tiempo de responder, en aquella instancia estaba harto de problemas— ¿Sabes algo? Es curioso que siempre, a pesar de todo, has estado allí para mí…—comentó en voz alta y casi para sí mismo, mientras observaba a las imágenes pasar rápidamente. Si había algo que siempre habíale entretenido era observar las luces de los faros distenderse cuando encontrábase a gran velocidad en algún vehíc*lo. Entrecerraba los ojos y movía la cabeza, creando un espectác*lo visual interesante y divertido—A veces me pregunto… ¿Pourquoi?
por suerte habia llevado mi chaqueta la que dejaba en el coche siempre ya que era bastante friolenta y odiaba pasar frio. Me la habia puesto antes de bajar del Mercedes y claro, no me habia equivocado, el frio comenzó a hacer de las suyas y yo estaba bien cubierta. Veía a Jean con esa camisa fina pero del coraje ni le pregunte si tenia otra cosa o si estaba bien, por mi que se jodiera ya suficiente habia tenido hoy. Mi rostro estaba crispado, esperaba que no pretendiera que le hiciera una sonrisa o una señal de tranquilidad porque no la encontraría, habia sido un dia terrible y aun no acababa.
a ver, a ver… tanto te costaba regresarme la llamada una vez que te sentiste mejor? Estaba con el corazón en la boca pensando en que algo malo te habia sucedido. Entiendo que tuvieras que arreglarte un poco, pero yo estaba aquí dale que toco y toco la puerta sin recibir respuesta alguna –estaba enfadada, sacada de mis casillas, completamente desencajada y esta vez no se la llevaría gratis. Si… el habia sufrido un ataque pero ya estaba mejor por lo que ahora se aguantaría. Estaba muy mal y no entendía la razón, sabia que debía de alegrarme de que estuviera vivo, sano y salvo, pero se me hacia demasiado difícil al verlo sonreir como si nada hubiera pasado.
Respire hondo, el estaba en lo cierto, en ese momento no tenia uso de sus facultades ni de sus movimientos pero aun asi me daba rabia sentirme tan vulnerable a su mal. Acaso aun quedaban sentimientos buenos hacia el que me habia hecho sufrir tanto? No, seguramente era pena por su situación, simple recuerdo de nuestra feliz infancia, no podía ser otra cosa… no me permitiría que fuera otra cosa.

Y la furia regreso asi como se fue –estas demente? Como que olvidaste tomar tus medicinas? A donde las pusiste? –mis palabras salian con tanta fuerza que casi eran gritos. Como podía ser tan inconsiente y descuidado como para no tomar las medicinas –desde cuando no las tomas? A donde las dejaste? –era una pregunta detrás de la otra pero no podía ni escucharlo, estaba encegecida, esto era el colmo. Le perdonaba todo pero esto estaba fuera de lugar –no puedo creer que hagas esto, iremos a comprar mas en este momento me entendiste? –respire profundamente y trate de cerenarme, de relajarme para no tomarlo del cuello y ahorcarlo. -
no tan bien como yo? Como sabes como vivo? –acaso el no sabia de los problemas con mi padre, el cáncer… claro el si tenia problemas porque prefería vivir en una posilga a vivir en una casa común –que poco que sabes de mi últimamente, solo tu importas verdad? –no quería discutir, pero era mas fuerte que yo, ya no lo evitaba sino lo confrontaba, cada palabra que el me decía debía de rematarla con algo –pero tienes razón, pobre de ti con tu vida miserable mientras yo vivo como reina –dije con sarcasmo y me quede en silencio, ya no le respondería mas por lo menos hasta estar mas tranquila y en un lugar mas seguro. Solo lo miraba con odio.

No preste atención a las grosería de su vecino, un dia normal le hubira disparado, pero hoy tenia suficiente m*erda a mi alrededor como para aguantar que Jean me reprochara el tener un arma con migo, además sabia que si le disparaba lo mataria y yo… no era asesina, solo me defendia. Camine con paso firme y lento, contando la respiración. Eso me lo habían enseñado en un patético curso de relajación que no me sirvió de nada porque seguía siendo impulsiva y mandona.

No me perderé el café, lo tomaremos en mi casa, luego de ir por las medicinas –le dije con voz apacible esta vez, ya estaba tranquila. Me dejo completamente anodadada con lo que dijo a continuación, pero la verdad era que tenia razón, el también siempre habia estado ahí –no lo se, pero afirmo lo mismo, siempre has estado ahí, siempre me cubriste la espalda y jamás me has delatado. –no sabia el porque pero ambos estábamos comprometidos de una forma diferente el uno del otro. Eso estaba mas alla de la relación de pareja o amistad. –yo siempre me pregunto porque, si no podemos ni vernos la mayoria de las veces porque peleamos y peleamos... –le dije y lo mire de reojo. Los ojos se me iluminaron y se me llenaron de lagrimas, pero me contuve, habíamos pasado demasiadas cosas juntos.

Doble en una equina y encontré lo que quería. La farmacia que estaba abierta las 24 horas tenia las luces prendidas y habia una señorita y un caballero conversando en el interior. Estacione en frente y apague el motor –dime como se llama la medicina, yo voy por ella, esperame aquí –le dije mirándolo directamente a los ojos. Mi semblante esta vez era mas tierno y dulce, se lo pedia como favor pero tambien como ruego y suplica. Sabia que necesitaba esa medicina para vivir y la tomaria ahora mismo.



Curiosamente, sintió Jean en aquel instante poderoso frío helado, calador de corpóreos huesos; no obstante, no limitóse por ello y ni siquiera mostró la más ligera señal de titiritamiento o actitud friolenta. Más bien mostróse calmado y confiado, observando por la ventana con gesto huraño y pensativo. El Mercedes era bastante confortable por dentro; para ser sinceros, parecía la cabina de un jet privado. Jean observaba con ligereza los estampados en cuero y la suavidad del volante y los asientos. Contaba con una extensión eléctrica y un porta vasos (lo más útil), sonrióse y siguió observando por la ventaba, cavilando acerca de oscuras nimiedades. Mientras esto hacía, con sus dedos jugueteaba en los bordes del asiento. Bufó, maldita realidad, recordaba una canción muy profana y asquerosa, un rock mundano con voces de penumbra, una guitarra de pesados tonos, una batería de veintiún piezas y doble bombo, los golpazos sobre la caja, gritos muy agudos, un rostro blancuzco y siniestro con las fosas nasales embadurnadas en cocaína de la calidad más pura.

-No, no me costaba querida, el hecho es que seguía mareado, me sentí muy mal, fui por algo de agua, busqué desesperadamente las pastillas, y de hecho, lo que me parece que más tiempo tomó fue la crisis. No sé, me preocupa no saber el tiempo exacto, la neurólogo díjome la última vez que si pasaba de treinta segundos podía padecer un paro cardiorrespiratorio por el exceso de energía—suspiró y rascase la cabeza con la mano derecha—. Llegaste demasiado pronto para mi gusto, y lamento decir esto pero no estaba del todo preparado para tu visita, aún hay cosas que me cuesta sobrellevar, como las continuas discusiones. Por ejemplo, la que quieres empezar en este momento Robbin Melanie Lear—dejó caer cual gota de rocío que mésese sobre la opacidad y el crepúsculo a media luz. Sabía que aquello molestaríale aún más y recocijóse en la infausta carnicería verbal que pronto vendríase sobre él. No obstante, acordóse de su condición y prefirió bajar el nivel para proseguir con aquel tema más adelante. Las luces nocturnas de la calle llamábanle la atención someramente—Si, cierto, lo olvidé a propósito para disfrutar de los deliciosos viajes astrales que me provoca el convulsionar, Rob—“pedazo de idiota”, pensó—. Si supiera dónde carajo las puse no hubiera olvidado tomármelas—sabía que habíales dejado en el auto, pero el problema radicaba en que había perdido el auto la noche anterior cuando encontrábase teniendo sexo con dos prostitutas y drogándose a toda cola.

-Si, si, ya entendí…—dijo, desinteresado en el asunto y torciendo ligeramente la mirada. Todo aquello incomodábale, sabía que de alguna manera u otra Robbin sólo deseábale el bien, pero sus maneras de reprocharle el hecho de que a él eso poco le importara siempre habían sido duras y molestas, demasiado fastidiosas la verdad. Empezó de nuevo el problema, Jean Antoine torció con aún más fuerza—. Bueno, no creo que conduciendo un Mercedes del año por las calles de París te vaya tan rematadamente mal, ¿no crees, querida?—comentó— Y si, yo escogí vivir así, porque prefiero pertenecer al mundo real que a aquel imaginario lleno de adoquines y exhuberancias de una falsedad considerable.

El silencio mantuvóse un rato largo, el camino seguía a través de la autopista que cruzaba el centro de la ciudad. Luego metiéronse en alguna zona, repleta de calles y callejuelas; Robbin rompió el silencio con un comentario acerca de nimiedad tal para el momento como el café noctívago.

-Ya, claro, el café—dijo, incapaz de creer comentario tal en tal instante; mas de pronto, la actitud de su “querida Robbin” cambió de un centellazo. Jean activó la radio, escuchando una canción de poderosos contrastes demoníacos de aquel cantante humano, Marilyn—. Y siempre estaré—agregó, sin saber porqué aquel tipo de sentimentalismos brotaban de él, siempre tan propio de otras costumbres—. Peleamos por tu culpa, bah, por la culpa de ambos. Cierto es que para toda discusión se necesitan dos personas, en fin… —notó el empañamiento en la mirada de Rob, sabía que todo aquello dolíale mucho, más padecimiento no quería causarle, por lo que le azuzó y colocóle una mano en el hombro, acariciándoselo. Luego de esto, secó sus lagrimas con los dedos. Acercase lentamente y plasmóle dulce beso en la mejilla—, ya, ya, no tienes porqué ponerte así, todo estará bien. Siempre sale todo bien al final, creo…

Observó como detenía el auto y le comentaba algunas últimas cosas—Entendido, entendido, se llama “Fenobarbital”—comentó, cuando esta dispúsose a salir y Jean Antoine observó que bien lejos encontrábase, abrió la guantera. En ella habían, tal y como él lo había supuesto, municiones, algunos papeles revueltos, cigarros acabados y dos Beretta de pequeño tamaño. Cerró la guantera—Maldita—dijo en voz baja—, aún sigues en esta m*erda. Era cierto el asunto con mademoiselle Kournikova. Al ver que ésta acercábase de nuevo, reclinóse sobre el asiento y mantuvóse a la expectativa.
Pero… ahora como te sientes? –pregunte algo preocupada. Habia sido demasiado desconsiderada al atacarlo de aquella manera sin siquiera estar completamente segura de que las cosas estaban bien en su interior. Temia un nuevo ataque por eso estaba tan apurada y mi paciencia estaba llegando al limite, necesitaba encontrar la farmacia cuanto antes o mis nervios colapsarian. Era ese el motivo principal por el que lo agredia tanto, no solo el volver a verlo después de tanto tiempo y saber que aun pasaban cosas dentro de mi sino el hecho de no saber si su interior estaba calmado.
Escuche lo que dijo a continuación, al parecer el sentia lo mismo que yo, ninguno estaba preparado para un nuevo encuentro –bueno por fin coincidimos en algo, yo tampoco estaba preparada para verte… es mas… nunca crei que te volveria a ver o hablar… me sorprendio tu llamado, te lo aseguro –mi voz era entrecortada, sentia que me faltaba el aire y no me podia contener. Me llamo por mi nombre completo… eso era muy fuerte y no lo soportaba, pero tenia razon. Después de la separacion cada vez que hablaba con el peleaba, siempre tenia la excusa perfecta para reprocharle algo y aunque creia que eso ya habia quedado atrás me daba cuenta de que cada vez era peor… el asunto era… porque me comportaba asi si yo no era una mala mujer? Nuestros buenos tiempos habian sido tan diferentes. –no me llames asi por favor –dije seria pero apacible, tratado de serenarme, esto ya no tenia caso. Porque estaba aquí junto a el acompañandolo? Que me pasaba realmente? Porque no podia ser civilizada con el? Ya no le respondi… ya no queria discutir, ya no me sentia con fuerzas como para maldecirlo mas de la cuenta.
Si te cuidaras mas, no olvidarias a donde las pones –se me escapo, no pude evitarlo. El me sacaba de mis casillas aunque no quisiera, sabia que algo andaba mal en mi pero no podia evitarlo.

El hecho de vivir comodamente no me hace estar tanto mejor que tu, queido… ademas tu tienes dinero, aunque simpre estas con esas idioteces de lo espiritual y de no querer disfrutar de lo material. El dinero se hizo para gastarlo sabes? Y tu podrias aprovechar un poco mas si quiesieras –le hablaba en tono normal, apacible aunque sabia que el lo tomaria a mal, como siempre. –yo no vivo en un mundo imaginario, y no es mi culpa si mis padres han tenido la suerte de darme una buena vida, no me heches a culpa de aprovechar lo que ellos me dan –hasta en eso no concordabamos. El siempre habia preferido las cosas simples, fiestas en la playa con amigos, cenas en casa con velas, paseos. A mi me gustaba todo eso, pero tambien amaba las fiestas con celebridades, los restaurantes caros, los buenos vinos. Habia dias en los que pensaba porque estabamos juntos si eramos tan diferentes. Solia pensar en que el era mi complemento, el me llevaba por el buen camino, el me hacia sentir completa, pero después todo cambio. Mi nuevo empleo me habia hecho volver mas ruda y el ya no me entendia como antes. Yo no lo entendia y no podiamos ponernos de acuerdo, porque nunca me habia apoyado sabiendo la clase de basura que era mi padre? Nuestras vidas habian cambiado tanto que ya no sabia ni quien era. Habia confiado en el y me habia engañado.
Segui el camino sin siquiera volver a mirarlo, ya no aguantaba la presion y la angustia que sentia. Me daba demasiada rabia sentirme asi, y necesitaba escapar de todo eso, ya no podia ni pensar, los recuerdos volvían como balas que me golpeaban la cabeza y el corazon.

Se me hacia difícil hablar de estas cosas, era como remover demasiado hondo como para que no doliera. Sus palabras fueron como dagas “siempre estare” acaso eso de verdad podia pasar? A pesar de todo lo que le habia hecho y de las miles de peleas que teniamos cuando nos veiamos… aun asi estaria cada vez que estuviera a punto de morirme de cualquier manera? Pero claro eso no podia durar demasiado, siempre tenia que recalcar que la culpable era yo – si… yo soy la que comienza las peleas, eso no te lo discuto, aunque no lo creas… pero tu comenzaste matandome anteriormente –le dije para que recordara la vez que tuvimos nuestra primera pela, su primer engaño. El habia sido en parte el causante de mi malestar, de mi amargura, de mi frustración hacia el y mis constantes peleas, yo era consciente de que actuaba de manera injusta a veces, pero cada vez que lo veia se me venian los recuerdos de el con otras mujeres, drogado. Eso habia quedado en el pasado y trataba de borrarlo pero no podia, era mas fuerte que yo –tu bien sabes que yo no era asi… admito que siempre fui algo caprichosa y una nena consentida, pero no era arrogante, malhumorada ni peleadora –siempre me habia considerado una persona buena y dulce… siempre hasta que decidi que el corazon no venceria y me volvi menos sentimental. Claro… el no lo entenderia, pero yo era lo que el habia hecho de mi de alguna manera… el ayudo a que yo fuera una nueva Robbin a la que le gustan las armas, y la que no piensa en el amor.
Senti su mano en mi hombro y los pensamientos se disolvieron en el aire –no me toques –le dije simplemente. Mi pulso se aceleraba y no queria que el lo notara. No me hizo caso, como de costumbre y seco mis lagrimas, no queria que se diera cuenta, pero ya era tarde, habia roto parte de mi coraza y le habia dejado entrar.
Esas palabras… ese beso… otra vez los recuerdos –siempre me decias eso cuando peleaba con papa o mis hermanas, y tu beso me reconfortaba mas de lo que te podias imaginar –como olvidar la primera vez que me habia hecho sentir la mujer (o niña en ese momento) mas feliz del mundo, cuando mi padre me habia castigado y le habia jurado que escaparia. El habia sido quien me habia hecho entrar en razon con las mismas palabras y el mismo gesto que habia tenido ahora. Ese momento habia marcado un antes y un después en nuestras vidas, aunque solo teniamos diez años… ese dia habiamos descubierto que estariamos juntos para siempre. –m*erda –dije tratando de olvidar ese momento, me hubiera gustado regresar a esos dias tan felices, o al dia en que le habia revelado que lo amaba, asi me pegaba una bofetada y no cometia semejante error, quizas asi hoy estariamos como hacia veinte años, amigos y queriendonos como nadie.

Sali del auto y tome aire, el fresco de la noche despejaria mi mente y me haria volver a ser la misma, la de antes, la fuerte y ruda que no le temia a nada ni nadie. Camine lentamente hacia el local y entre repitiendo el nombre del medicamento para no olvidarlo. –hola buenas noches, en que puedo ayudarla? –dijo el farmaceutico con una sonrisa y expresión de cansancio.
Buenas noches, necesito una caja de… “Fenobarbital” por favor –le hice una sonrisa y espere a que fuera por ella. Miraba alrededor, era un negocio bastante amplio y con una decoración que me gustanba. Regreso rapidamente –aquí tiene señorita, cuesta U$S 50 – lo pense unos segundos, quizas y le haria falta mas, no sabia como estaban sus finanzas y tampoco se lo preguntaria –deme otra caja mas por favor –pedi.
Sali unos minutos mas tarde con las dos cajas que durarian dos meses, esperaba que no la volviera a perder y que tuviera para pagar las prximas. –idiota, porque no aceptaste el dinero de tus padres? –ahora pensaba en voz alta hasta que llegue al auto y me puse seria.
Aquí tienes. Comiste algo? No puedes consumirlas con el estomago vacio –obvio que el sabia las indicaciones pero me sentia en deuda de alguna manera –compraremos algo para comer de camino a mi casa –antes de arrancar nuevamente lo observe a la cara, su semblante no era el mismo –estas bien? Te sucede algo? –pregunte preocupandome por un nuevo ataque.

Jean quedóse observando a Robbin fijamente, ella observábale preocupado; mantenía aquel gesto que él no denotaba desde sus tiempos juntos. ¿Sería posible qué…? Preguntóse, e inmediatamente aquella pregunta carcomióle el cerebro. De ser posible, entonces encontraríase en terrible encrucijada. No quería por nada en el mundo herir de nuevo a Rob, aunque agotará el ochenta por ciento de su tiempo insultándole y distribuyéndole defectos en toda su anatomía, la verdad es que deseábale el mejor destino de todos, y la vida más feliz y radiante.
-Estoy bien, mucho mejor—comentó, realmente sentíase bien físicamente, pero ahora un nudo escocíale la garganta y apretujábale el pecho. Comprimió un poco la mirada y desvióla de Robbin, enfocándola en el reproductor de ondas de radio, dispúsose a buscar otra emisora, en aquel momento encontróse con una triste melodía que recordábale tiempos de antaño, se llevó una mano a la cabeza y alborotóse el cabello, con gesto que pareciese desesperado. “Maldición, Jean, ¿Qué te pasa?”, se preguntó. La noche anunciaba operaciones de incesante celeridad y morbo espino, como espinada era su angustia. Dirigióle de nuevo la mirada—Yo si estaba seguro de que volveríamos a vernos o a hablarnos, siempre temí la llegada de este día. A decir verdad, es incómodo en gran medida, es una mescolanza de humillación por los malos actos cometidos y alegría por lo loable, lo bueno, pero… la verdad, hoy muchos pensamientos oscuros recórrenme la cabeza, es angustiante, hay cosas en las que intento no pensar, sin embargo…—mas no completó la frase, pues hundióse en sus pensamientos una vez más, mientras escuchaba atento a la melodía que fluía del emisor. Su mirada volvióse hacia la carretera, de nuevo.
-Lo siento, pero sé cómo llamar tu atención. En fin, sé que me cuido lo suficiente, lo suficiente para seguir vivo aún a estas alturas; aún cuando soy capaz de soportar otra noche vacía que siempre termina en una casa vacía repleta de fotografías vacías de un pasado lejano y un futuro incierto, donde habita un incierto humano vacío—dijo, casi hablando para sí mismo.

Levantó ambas piernas y posó entrambos pies sobre el asiento, para así abrazarse con los brazos por debajo de la rodilla, en posición infantilmente pensativa y retraída. Sentíase autista en aquel instante, corroído por emociones que no sentía suyas, atrapado en una vorágine de externos elementos; la canción estaba hecha a su medida, escuchaba repetir en su mente aquel grito desgarrador, “come and save me”, repetía una y otra vez, desesperado, atrapado en aquel laberinto oscuro, mientras la bestia de agudas patas seguíale hambrienta. Él cruzaba a la derecha, encontrándose un callejó sin salida, colábase entre la maleza, pataleaba, arañaba, apartaba las ramas a golpes secos. Veía la luz desvanecerse tenuemente, “come and save me”, corría a todas voces entre las paredes que cubríanle a cada lado, escuchaba el rápido traquetear de las incontables patas detrás de sí, caíase al suelo, sentía la terrible mordedura sobre la espalda, sentíase engullido, alimentaría a las crías del mal eternamente, someramente, de manera insubstancial— ¿Eh…?—preguntó, saliendo de su ensimismamiento— ¿Dinero? No, no tengo, no me ha ido muy bien en el trabajo. Yo no reniego del dinero de mis padres, reniego de su opulencia, son ellos quienes prescindieron de mí. Puedes averiguarlo, el eminente hombre de negocios que es mi padre negará todo nexo con hijo alguno. Para sus socios él jamás tuvo primogénitos, es infértil o algo así—bufó—. Por otra parte, difiero de ti, no se hizo para gastarlo, se hizo para dividir a los hombres y para crear otra razón para matar—sentenció, tajante y bastante seguro de su condena hacia los hombres de mala fe—. No se trata de tener una buena vida, se trata de saber vivirla. Admítelo, Rob, te gusta lo opulento, lo banal, lo vacío, hay cosas más importantes—admitió, desviando su atención de nuevo a la radio, donde aquella tonada parecía no tener fin.

Ella estaba consciente de su situación, era una amante de lo exuberante, en aquellas ocasiones donde él deseaba pasar una noche a solas con ella, románticamente, hacer el amor bajo el compás musical y la lumbre de las velas, ella mostrábase ansiosa por partir a aquella cena con el conde de Montparnnè, o acudir a alguna gala de especial magnificencia. Aquello hacía sentir a Jean poco querido, la verdad, preguntábase, “¿acaso da más importancia a estas nimiedades que a la relación en sí? Y entonces con el tiempo, aquello llevóle a buscar el cariño en otras lindes, otras pieles, otros aromas. Sintióse vacío de cualquier manera, pero al menos tenía con qué llenar ese vacío por espacio de un par de horas amatorias. Apretó la dentadura, recordando la rabia que producíale aquella actitud de la joven Lear, y prefirió dejar de pensarlo. Ella queríase hacer la víctima, cuando la verdad, ni siquiera tomábase la molestia de ponerse en el lugar de él, donde era otra la emoción, era otra conmoción, otra tipología de una sacudida. A pesar de que intentase dejar de lado aquellas quimeras, inmediatamente Rob pareció sacar el tema al aire, provocando en él tremenda reacción— ¿Matándote? ¿Matándote? Era yo quien moría lentamente al ver cómo dabas importancia a la prodigalidad y al exceso, en vez de a las pequeñas cosas del amor que alguna vez existió y que liquidaste. Te remuerde la consecuencia, pero jamás has pensado en la causa. Me conoces de toda la vida y sabes que jamás habría hecho algo así porque simplemente nacióme, no es así—le atajó, clavándole aquellas palabras atragantadas durante tanto tiempo en el pecho.
Dejó caer de nuevo las piernas sobre el lugar al que correspondían, el fondo del asiento, halóse los cabellos, lleno de ira contenida— ¿Y qué puedo decir yo? Cada quien convirtió al otro en un monstruo con sus monstruosas actitudes. Esto es que hay que aceptarlo—aclarase, apretándose la nariz con una mano, pues sintió de repente curiosa comezón.
Jean no quitó la mano, sin embargo, e intentó relajarse, pues ya explotaba de nuevo en sensaciones con las que pretendía protegerse de ataques sentimentales externos, ¿o acaso eran tan, pero tan propios que no dábase cuenta? Sonrió.
-¿En serio? Tienes una memoria prodigiosa, a pesar de todo… yo ya no puedo recordar mis propias frases. No en estos tiempos tan oscuros—dijo, tragando saliva bastante densa y pesada, pues era esto el reflejo meritorio de sus sentimientos en aquel vivo instante—¿Por qué me dices esas cosas ahora?—preguntó, esperando una sincera respuesta de su parte. Robbin siempre había sido muy sensible, muy romántica, muy apasionada, pero también todo aquello esfumóse en cierta etapa de la relación; también de parte de él, por supuesto. Aquello fue la perdición. No obstante, veíale ahí, llorosa, sensible, mordiéndose el labio inferior, desviando la mirada para ocultar sus lágrimas, algo quemábale por dentro y no se permitía admitirlo. Pero, de alguna manera, tenía que hacérselo decir.

La notó salir, y entonces, luego de aquel encuentro con las armas en la guantera, simplemente esperóle a que llegara. Al suceder esto, miróle atentamente.
-Si, comer si, Robbin, tengo que decirte algo—comentó, creando una tensión irreproducible en el ambiente. Ella también lo percibió, pues inmediatamente su mirada crispóse, anonadada. Jean palmeóse las piernas, dándose ánimos. Torció un poco la sonrisa, intentando formar las palabras correctas. Lo que en verdad deseaba preguntarle era qué sentía, qué escondíase en su corazón aún por estas fechas, no obstante, lo que saliere de su comisura fue lo siguiente:
-Me he encontrado hace unas semanas con una amiga tuya, rusa, muy guapa ella, rubia, asesina, con un arma que de seguro tú le facilitaste. Efectivamente, te reconocía, por lo que sé que sigues aún en esos sucios y oscuros negocios. Mi pregunta es, ¿por qué? ¿Acaso piensas seguir mis penumbrosos pasos?
Acercóse a Robbin, quizás demasiado, siempre había sabido obtener su atención, intimidarla de alguna manera. Sus labios casi rozábanse, pero no llegarían a tocarse, de eso nada, o eso creía. Su mirada analizaba muy rigurosamente la de Lear, los brazos de Jean apretaban los hombros de la chica.
-Séme sincera, sabes muy bien que conozco todo este asunto…
Sus ojos vieron los labios de ella, había olvidado lo lindos que eran.

Seguíamos camino a la farmacia, estar a su lado era muy difícil, mi mente vagaba entre recuerdos y la pena y la angustia superaban a los buenos tiempos. Sonreí al escuchar que al menos estaba mucho mejor, un minimo alivio ante tanto caos.
Me preguntaba el porque… porque me habia llamado? Juto a mi, a quien se suponía que era la ultima persona con la que quería hablar, no lo comprendía y eso me hacia tener aun mas dudas, acaso el si disfrutaba de verme una vez mas? El realmente quería esto? Y sus respuestas llegaron sin que formulara la pregunta en voz alta. –para mi este momento es difícil, la situación es mala y no se como actuar, hay cosas que se remueven en mi conciencia y tengo tantas ganas de matarte como de abrazarte. Ni yo me entiendo pero la verdad es que no estoy segura de que este encuentro se de de la mejor manera, teno ira y rabia acumulada y tu estas tan sereno que mas rabia me da –le solte lo que sentía, no me importaba como lo tomase al fin y al cabo supuestamente nada de el me importaba. El estaba en la misma situación que yo, no entendía nada y no estábamos preparados para vernos asi. Se le cortaban las palabras, no pudo terminar la oración, no quería mirarlo aun dolia… y mucho.
Crees que tu vida esta vacia? La mia lo esta desde hace tiempo incluso antes de que terminaramos –el aun no comprendía que el desasociego que me habia causado la humillación de mi padre era muy grande, jamás alcanzo a entender la necesidad de venganza que tenia dentro de mi y que por eso hice lo que hice. Yo sabia que no estaba siendo justa con el, pero… el lo era con migo? No entraba en mi mente cual habia sido el primer error que habíamos cometido para terminar de esa manera, odiándonos. Que habia desencadenado las multiples peleas, los enojos, sus engaños… acaso mi afán de demostrar que tenia poder y que podía hacer cualquier cosa habia destruido su amor? Acaso mi desinteres habia hecho que me hiciera esas cosas? Acaso su odio habia logrado alejarme de la manera en que lo habia hecho? Esas eran preguntas fuertes, que dudaba tener algún dia el valor de exponerlas.

Trate de borrar esos pensamientos, de pensar en otra cosa pero la música que pasaban en ese momento en la radio me hacia sentirme cada vez peor. Era una melodía triste y llena de palabras hirientes para mi situación actual. Supuse que el sentía lo mismo que yo ya que al mirarlo de reojo puede ver como se acomodaba de forma diferente en el asiento.
Odiaba a sus padres tanto como el, yo comprendía que el quería vivir sin demasiados lujos, no le interesaba el dinero pero a sus padres eso les habia afectado de una manera mucho mas peculiar, yo simplemente ignore los comentarios y trate de amoldarme en sierto modo, pero ellos habia hecho hasta lo imposible por obligarle a ser como ellos. Resultado de eso? Odio mutuo y separación –no hablemos de tus padres, me dan nauseas –le dije simplemente para obviar todo ese tema, ya lo habíamos discutido una y mil veces y siempre llegábamos a la conclusión de que eran una m*erda, y de que yo por suerte aun no los alcanzaba. Me destrozaba cuando me decía “seras como ellos” o “deja de gastar, te pareces a mi madre”… eso ya habia quedado en el pasado y no quería removerlo.
Y nunca te preguntaste porque le daba importancia a esas cosas? Nunca pensaste que podía haber una razón por la cual necesitara conocer a otros, en estar rodeada… yo jamás busque consuelo en otros brazos… pero de que sirve hablar de eso ahora? Ya nos lastimamos demasiado como para seguir no te parece? Acaso quieres seguir removiendo el pasado? –ya no aguantaba mas, mi pecho se deshacía y creía que en cualquier momento me iba a descomponer, pero tenia que ser fuerte, siempre lo habia sido y no dejaría de hacerlo ahora. –y lo he aceptado… y con creces –dije entrecortadamente, ya no podía seguir hablando. Sabia que si alguna vez nos volvíamos a encontrar pasaría algo asi, perode todos modos no comprendía porque me dolia tanto, que pasaba dentro de mi que cada reproche suyo era una daga dentro de mi.
Ni yo misma se porque te digo esto y la verdad es que no quiero seguir hablando asique por favor, cambiemos de tema, no me interesa remover el pasado –claro… porque me convenia, yo si quería removerlo, entender, preguntar, pero en este momento era mejor dejarlo ahí, para que no siguiéramos mortificándonos, me dolia el alma pero el no lo sabria, porque ni siquiera yo sabia el porque.
Esas palabras hicieron que mi corazón se detuviera… siempre denotaban algo extremo, odiaba esas simples palabras pero muchas veces habian sido sumamente importantes. Nos miramos fijamente a los ojos y me preocupe –que quieres decirme? –pregunte con cautela, tenia la respuesta.
Como? –le dije casi gritando. Un escalofrio recorrió mi cuerpo. Esa mujer no podía ser otra que Irina, y el habia estado con ella. Le habría dicho algo?… era una pregunta estúpida, si me habia reconocido era porque de algo habían estado hablando –que le dijiste? Hablaron de la her…? –no pude terminar la frase, ni siquiera habia escuchado completamente lo que me habia dicho. Estaba muerta, mi tiempo estaba contado, no se aceptaban traiciones en la hermandad y yo como idiota lo habia hecho.
El se acerco demasiado a mi… quería respuestas, que le importaba lo que hiciera o dejara de hacer? Estaba muy cerca de mi piel, de mis labios y mi miedo aumento –como pudiste hacerme una cosa asi? Se que quieres verme muerta, pero de esta manera? Eres una basura –no podía resopnder a su respuesta porque solo pensaba en las reglas de la hermandad. Silencio era una de las mas importantes –porque? Que te importa el porque? Y si…sabes? No pienso seguir tus pasos sino los mios, seguire con esto hasta que todo se acabe –y se acabaría pronto. Confiaba en Irina, pero ella sabia las reglas mejor que yo. Acaso el habia olvidado su pacto de no hablar con nadie sobre ese asunto. –prometiste cerrar la boca y me volviste a traicionar –dije cerrando los ojos por un segundo.
El aun seguía demasiado cerca de mi, me apretaba los hombros y sus labios casi rozaban los mios. Sentía una mezcla de cosas… el miedo, la ira y algo mas que no se podía explicar pero que solo lo senria en ese momento al tenerlo ahí tan cerca nuevamente. Estaba perdida… no habia vuelta atrás.



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Re: Y ahora que paso?

Mensaje por Charlotte Evans el Jue Nov 18, 2010 7:19 pm

Termine de leer por fin, no me iba a ir sin hacerlo...
me encanto la extraña relación de amor-odio que se tienen los dos xD
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Re: Y ahora que paso?

Mensaje por Jocelyn Belaqua el Jue Nov 18, 2010 7:24 pm

Amor apache de aquellos... verdad que esta Robbin es un mosstruo escribiendo!!!!... Gi cuando crezca queiro ser como vosssssss





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Re: Y ahora que paso?

Mensaje por Adam Alexander Clarks el Jue Nov 18, 2010 7:30 pm

En fin... sin palabras. Eres muy buena en serio Robb!! Very Happy
Me llegó al alma xDD






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Re: Y ahora que paso?

Mensaje por Charlotte Evans el Jue Nov 18, 2010 7:34 pm

Es cierto Joce, escribe muy bien... hablando de personas que escriben bien... alguien me debe a un Bruno u_u jajajaja
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Re: Y ahora que paso?

Mensaje por Jocelyn Belaqua el Jue Nov 18, 2010 7:40 pm

nooooooo... no me lo nombren a Brunoooooo...EL ES MIO





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Re: Y ahora que paso?

Mensaje por Charlotte Evans el Jue Nov 18, 2010 8:00 pm

jajajaja bueno Rolling Eyes yo me conformo con que me dejes verlo para saber como sigue jajajaja Razz
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Re: Y ahora que paso?

Mensaje por Invitado el Jue Nov 18, 2010 9:40 pm

eeeeh,,, sin palabras... creo que ustedes juegan en ligas mayores... será dificl sostenerse a la altura de estas circunstancias...

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Re: Y ahora que paso?

Mensaje por Robbin Masen el Vie Nov 19, 2010 12:16 am

Bueno... realmente me siento halagada por los comentarios, no sabia que iba a tener tanta repercusión, aunque no es solo mio, también de mi amigo Jean Antoine...
Les cuento que segun las relaciones Robbin y Jean son Ex pareja que se odian pero nunca pudieron terminar su relacion... en el fondo se aman por si no se dieron cuenta jajaj
El tema es que ambos se lastimaron demasiado en el pasado. Seguire poniendo los post a medida que los hagamos y al que le interese hacer algo asi bien drama me avisa jaja
Tendria que haber sido actriz... *suspira*

Joce me mato lo que dijiste, pero vos sos tan o mejor que yo.. Y obvio que solo soy principiante y aficionada no me halagues tanto que despues quedo mal adelante de la gente jajaj



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Re: Y ahora que paso?

Mensaje por Adam Alexander Clarks el Vie Nov 19, 2010 12:42 am

esta Robbin... no seas tan modesta! xD






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Re: Y ahora que paso?

Mensaje por Robbin Masen el Vie Nov 19, 2010 12:44 am

No soy modesta, solo digo la verdad... Me falta mucho para ser buena, aunque lo intento y estas cosas me encanta... El drama, el misterio... wow es fascinante
Igual gracias Adam me haces sentir bien



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Re: Y ahora que paso?

Mensaje por Adam Alexander Clarks el Vie Nov 19, 2010 1:11 am

en serio Robb no te falta tanto como crees Very Happy
a mi me gusta mucho cómo escribes, no sé, es como si transmitieras muy bien los sentimientos del personaje...
si es q no te puede quedar mejor ningún personaje que no sea Maggie!! sois igual de humildes y sinceras xD
en serio te admiro






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Re: Y ahora que paso?

Mensaje por Robbin Masen el Vie Nov 19, 2010 1:14 am

GRACIAS!!! Eso es lo que intento, expresar los sentimientos como para que el que lo lea sienta de verdad la alegria, el miedo o el sufrimiento de mis pj.
Amo a Maggie, pero hasta despues de los examenes finales no volvera, esta castigada despues de que borraron su pj jeje
Robbin tambien es muy genial, amo a este pj



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Re: Y ahora que paso?

Mensaje por Adam Alexander Clarks el Vie Nov 19, 2010 1:16 am

si? como y entonces que te paso con Magg? O.O






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Re: Y ahora que paso?

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